¿Cuál es el sentido de la vida?

Actualizado: may 19



En esta ocasión vamos a reflexionar sobre si vivir tiene algún sentido, el qué significa estar vivo, para qué estamos vivos, si existe alguna finalidad de estar vivos, o si tenemos que lograr cumplir algo antes de morirnos. En fin, vamos a reflexionar precisamente esta pregunta que a todos se nos ha cruzado por nuestra cabecita en algún momento.


Quisiera empezar pensando en las respuestas más comunes, y bueno, podríamos decir que las religiones, por excelencia, son las que se han ocupado de dar respuesta a esta pregunta. Digamos que, en términos muy generales, nuestro pensamiento actual todavía tiene elementos que están muy ligados al pensamiento religioso, aunque no nos guste creerlo o prefiramos pensar que ya hemos progresado mucho en la sociedad. Hay muchas partes de la estructura del pensamiento religioso que seguimos repitiendo y actualizando constantemente en nuestra vida cotidiana.


Podríamos decir que el catolicismo, el judaísmo, el cristianismo, el islamismo, bueno, incluso el budismo, ofrecen la misma respuesta, y no porque digan exactamente lo mismo, sino porque todas las religiones nos ofrecen una respuesta trascendental, es decir, una respuesta en la que el sentido de la vida no lo vamos a encontrar en esta vida, sino después de ella. Es aquí cuando las religiones empiezan a hacer sus diferencias: Unos lo vamos a encontrar llegando a lado de Dios, otros en el Nirvana, o en el Cielo, el Infierno, el Inframundo, el Mictlán, el Valhalla… No importa a dónde vayamos, no importa que religión sigamos ya que todas comparten la idea de que el sentido de la vida se encuentra después de esta vida y no durante el transcurso de ella.


Lo que este tipo de pensamiento nos dice, la estructura que se alcanza a observar detrás de la idea de trascendencia, es que todo lo que suceda en el mientras, en ese inter que llamamos vida, parece que no fuera muy relevante e incluso pareciera que su único objetivo fuera el llevarnos a ese lugar último, lo que produce que el aquí y ahora, o sea nuestra vida material, se quede patitiesa ante esas promesas al futuro.


La lógica de esta estructura nos permite pensar cosas como que podemos estar en una especie de pausa, o en un paréntesis, con tal de tener una finalidad o un objetivo trascendental. Esa idea de que todo lo que yo hago aquí y ahora no tiene sentido, sino que todo lo tejo y lo construyo para el después, nos indica que no es relevante esto que yo estoy viviendo, que puede pasar desapercibido para mi y no importa, pues lo que importa es que yo tenga muy claro ese sentido trascendental, ese objetivo hacia donde me van a llevar mis acciones en el aquí y ahora.


Por eso decía que teníamos un pensamiento muy religioso, porque podemos incluso, en vez de poner a Dios, o el Mictlán allá delante, poner algo que nos parezca mas razonable, y esto nos obligaría a aceptar cualquier condición de vida como “necesaria” para llegar a esa meta máxima. Esto nos obliga a poner la mirada en el futuro: todo lo que yo hago aquí y ahora no importa porque lo que importa son los resultados de mis actos en el futuro. Somos incapaces de ver el presente o ver al menos nuestro contexto a través de este tipo de ideas, porque esto que estoy viviendo en el aquí y ahora pues lo voy a aceptar en medida de que me traiga, o me permita obtener, un beneficio futuro aunque fuera en otra vida.


Por ejemplo, en la religión católica se tiene una frase muy utilizada, al menos en México, que dice “De los pobres será el reino de los cielos”. Lo que quiere decir esta frase de manera concreta es que está muy bien que tú seas pobre y que aguantes esta condición de pobreza, porque esta condición de sufrimiento es necesaria para que cuando te mueras puedas acceder al cielo. Es decir, el pensamiento religioso, la lógica religiosa de ese tipo de afirmaciones nos ponen en una condición en la que nos obliga a aceptar cualquier circunstancia de vida como irremediable, ya que eso nos va a llevar a conseguir un objetivo futuro. Entonces, pues yo entiendo que si soy pobre es por una especie de suerte divina y que no importa, ya que, si yo aguanto ese sufrimiento durante toda mi vida seré recompensado entrando al cielo. Es decir, sacamos el sentido de la vida, de nuestra vida misma, y lo aventamos al universo, al mas allá, a los lugares donde no sabemos qué sucede.


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Este tipo de razonamiento en específico nos impide de manera muy concreta observar que la pobreza no es una suerte divina sino que todo lo contrario, es una condición de un sistema de producción en el que estamos inscritos y no algo que me va a ayudar a llegar al cielo, sino una condición que me genera sufrimiento y una mala calidad de vida, un momento de supervivencia y ya no de vida. Pero yo lo aguanto, yo digo que “está bien”, yo digo que “así es la cosa” y acepto esta normalidad, porque simplemente pongo el sentido de mi vida después de mi propia vida, mas allá de todo lo que yo viva, por lo que no importa si vivo en la pobreza o lo que sea, mientras yo pueda acceder al reino de los cielos me voy a dar por bien servida.


Si observamos esta lógica de pensamiento, quitándole la ideología religiosa y conservando únicamente la estructura, nos quedamos con una frase que dice algo así como el sentido de la vida se encuentra en el futuro, o sea, fuera de nuestra vida misma. Ya no importa si llegamos al cielo o no, simplemente el sentido de vida se encuentra fuera de nuestra propia vida, y esta afirmación es la que nos permite hoy en día pensar cosas del tipo “el sentido de la vida se encuentra en tener éxito”, o “el sentido de la vida es ser feliz”, “encontrar el amor” o “tener hijos”, por ejemplo, que son las respuestas mas comunes que solemos encontrar siempre. Es mas, pregúntenle a cualquiera a sus amigos, conocidos, primos, etcétera y seguramente les van a dar cualquiera de estas cuatro respuestas, las cuales, todas sin excepción, arrojan la vida hacia el futuro, pues siguen conservando la lógica religiosa, en donde el sentido de la vida no es trabajar en mi mismo, tener el autoconocimiento, estar conforme con lo que soy y buscar mi evolución, sino que el sentido de la vida esta en el allá adelante, en el ser exitosos… Haciéndo que entonces esté en un trabajo que no soporto pero que decido aguantar, bajo la promesa de que cuando me jubile, voy a poder ser feliz, porque entonces me podré dedicar a lo que yo quiero. O esta nueva ola que está muy de moda, que es ser multimillonarios jóvenes trabajando como loco 24/7, hiper-agotándome, pero con tal de tener la promesa de que en tres o cuatro años, a mis cuarenta y algo voy a ser millonario, y me voy a retirar siendo una persona exitosa.


George Bataille, que es un filósofo francés muy importante, recomendable para quien le interesen estos temas, entiende todo esto como vivir la vida como un proyecto. Él nos explica que parte de las cosas que nos hacen tan infelices, en general en nuestra vida, que nuestro sistema de pensamiento, nuestra pecera cultural, nos llevan a la idea de que como nuestra vida tiene un futuro por delante debemos entonces proyectar hacia delante los deseos de esa vida. Esto quiere decir que yo toda mi vida la vivo como proyecto, por lo que en ningún momento me siento satisfecho con la realización de ese proyecto. Un ejemplo de esto puede ser al entrar a la universidad para estudiar algo, una profesión. Supongamos que yo entro a la universidad para estudiar filosofía y ser filósofa algún día. Cuando yo entro a la universidad no soy filósofa, sino estudiante de filosofía; cuando termino la carrera, puedo decir que, en teoría, ya soy filósofa porque tengo un título de filosofía pero yo no me voy a sentir lo suficientemente filosofa así que voy a volver a tomar mi vida y voy a aventar hacia delante en mi proyecto de vida y decir “Ah, ahora tengo que estudiar un posgrado para de verdad ser filósofa porque apenas soy aprendiz de filósofa” Y así me puedo pasar toda mi vida y morirme diciendo yo no soy filósofa a pesar de haber estudiado eso y a pesar de haber proyectado toda mi vida a ser filósofa. Bataille nos preguntaría ahí “Bueno ¿En qué momento eres filósofa y en que momento tienes la realización de tu proyecto?” Tristemente, casi en ningún momento podemos gozar de la satisfacción de la realización nuestro proyecto, porque continuamente estamos reelaborándolo y aventándolo mas hacia a el futuro, distendiéndolo mas en el tiempo, lo alejamos de nosotros constantemente.


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Digamos que, esta forma de pensamiento, de llevar las ideas afuera de la realidad, tiene que ver con las ideas de Platón y Aristóteles, que son dos filósofos que han marcado de manera muy importante nuestro pensamiento, pues es tanta su relevancia que justamente ellos sostienen una gran parte del pensamiento religioso occidental.


Platón, por un lado, nos dice que este mundo es un simulacro, el mundo de las apariencias y nosotros los seres humanos solo alcanzamos a ver las apariencias y no la esencia de las cosas por lo tanto él nos convida a pensar que la verdad, el bien, la belleza y todas esas ideas que son extremadamente absolutas viven fuera de este mundo, mas allá de nosotros. Que nosotros vivimos en la copia, en los simulacros, en las apariencias y nos es muy difícil acceder al mundo de las esencias, eso quiere decir que el sentido de la vida, la esencia misma de nuestra propia vida no está aquí con nosotros, sino que esta allá afuera.


Aristóteles, por su parte, nos convida de su idea del bien supremo, con la que nos dice que todo medio nos lleva a un fin. Tenemos todo medio para lograr una finalidad, pero cada que conseguimos esa finalidad, aparece otro medio con otro finalidad, y este ciclo es infinito por lo tanto nuestro deber existencial, nuestro deber razonable como seres humanos seria buscar el bien supremo, que se entiende como la idea máxima, o la mejor verdad que podríamos encontrar. Pero esta idea del bien supremo no deja de tener lógica religiosa, y es justo gracias a esta idea del bien supremo que podemos tener ideas como que “el éxito es el sentido de la vida” porque justo nosotros ponemos como bien supremo el éxito, y entonces ya cuando llega el éxito ya me realicé, antes no.


Para redondear este tema nos quedamos con la idea de que entonces, si tenemos esta mirada religiosa de que el sentido de nuestra vida está fuera de este mundo, fuera de esta vida, es entonces que podemos generar ideas como “el éxito es el sentido de mi vida”, “la felicidad es el sentido de mi vida” o “encontrar el amor es el sentido de mi vida”, incluso el “tener hijos es el sentido de mi vida”, y aquí, con el detalle de tener hijos, quisiera hacer un señalamiento interesante de que muchas personas justifican, desde el sentido biologisista, que la finalidad de la vida, biológica, es tener hijos. Y ahí, hay una idea muy interesante que contradice esta afirmación: Eduard Punset, que es un maravilloso divulgador de la ciencia, escribió un libro muy recomendable, por favor búsquenlo, se llama “La ciencia del amor” y bueno, en él se avienta un recorrido increíble sobre todas las cuestiones bioquímicas que involucran al amor, pero también hace un rastreo histórico, prehistórico, de la génesis del amor, donde afirma que los primeros microorganismos que se asociaron, es decir, que “amaron”, no se asociaron para reproducirse, como es esta creencia común de que esa es la finalidad biológica de la vida.


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Punset nos demuestra en este libro que la necesidad biológica de asociarte no es para reproducirte sino para mejorar tu calidad de vida, de mejorar sus propias condiciones de vida, y hasta no lograr esa mejoría es que viene la reproducción y no al revés. Nosotros tenemos esta mala idea de que primero está el reproducirse y luego mejorar las condiciones de vida de los hijos, y ahí está el capitalismo justamente: Si yo tengo malas condiciones materiales y me reproduzco, porque esa es mi finalidad biológica, mis condiciones materiales, cuando yo se las herede a mis hijos, van a ser mucho peores para ellos. Diría Eduard Punset, para de verdad cumplir esta idea biologisista de la naturaleza supuesta del ser humano, al revés, tendríamos que primero asociarnos con alguien para mejorar nuestra vida en conjunto y ya que entonces tengamos mucho mejores condiciones de vida ahora si podríamos pensar en la reproducción para garantizar ciertas condiciones de vida, pero bueno, ese igual será otro tema de otro episodio.


Pero, regresando a nuestro tema, podemos encontrar que desde el pensamiento religioso es que la mayoría de las personas hemos construido el sentido de nuestra vida, y si no somos religiosas, bueno, le quitamos la idea de Dios, de la recompensa o el castigo, pero nos quedamos con la misma estructura de pensamiento a la que le ponemos entonces el éxito, la felicidad, el amor, los hijos, o lo que se nos ocurra. Pero digamos que esta no es una visión muy satisfactoria de cómo podemos encontrar el sentido de nuestra vida, o al menos no es la única. Casi cualquier autor de filosofía, cualquier filósofo, tiene una respuesta a esa pregunta, así que los invito a que busquen cuál se les acomoda a ustedes mejor, yo les contaré las que, a mi parecer, son más relevantes o que dan más ideas para pensar. Contrastemos, por ejemplo, la visión de los estoicos con la visión religiosa que acabamos de ver.


Cuando los estoicos se hacen la pregunta de cuál es el sentido de la vida anteponen una pregunta para poder responder a esa pregunta, en la que dicen que para entender el sentido de la vida debemos entender primero nuestra naturaleza. Para los estoicos nuestra naturaleza radica en dos cosas: Uno, en que somos seres racionales y por lo tanto tenemos una facultad de ejercer nuestro pensamiento; y dos, somos seres sociales que necesitamos de los lazos sociales para vivir. Por lo tanto, a partir de esas dos definiciones, los estoicos concluyen que el sentido de nuestra vida tendría que ser, entonces, apegados a nuestra naturaleza, utilizando nuestras facultades de razonamiento de la mejor manera posible para resolver los problemas que surgen en la sociedad. Es decir, para los estoicos el sentido de la vida es utilizar nuestro razonamiento para mejorar nuestra convivencia social y nuestra coexistencia de vida con todos los que nos rodea. Digamos que este es un sentido de vida que nos da mas cancha de acción porque apela a nuestro razonamiento, apela a nuestra propia inteligencia y apela a que en la vida hay movimiento. Y entonces, ya no tengo un solo sentido de vida, sino que, mas bien, practico mi vida con un cierto sentido, que es un sentido desde la naturaleza, según los estoicos. Esta mirada sobre el sentido de nuestra vida es mucho mas amable para poder mejorar nuestra condición de vida e incluso a nuestra sociedad, nuestras relaciones en común, o sea las relaciones que tenemos con la otredad. Nuestra naturaleza es ser racionales y ser seres sociales.


Por otro lado, por ejemplo, tenemos la definición de Nietzsche, quien tiene una afirmación que me parece muy interesante, que es ejercer y desarrollar nuestra voluntad de poder. Nietzsche tiene esta idea del súper hombre, en la que tenemos que llegar a construirnos como súper hombres, esto significa, tomar en nuestras manos el ejercicio de voluntad de poder y hacerlo de manera consciente. Pero bueno, esta idea tiene varias aristas que, si no analizamos a fondo y mal pensamos, podemos sentir o creer que Nietzsche nos esta convidando a simplemente tener cada vez mas poder y oprimir a mas personas. No va por ahí la cosa pero bueno, es muy interesante rescatar la idea de la voluntad, es decir, el sentido de mi vida tiene algo mas íntimo, algo mas personal, ya no es algo totalmente externo a mi, ni está solo en el futuro, ni está solo en mi contexto. Nietzsche nos regresa al individuo desde la voluntad de poder.

Y bueno, tenemos otros ejemplos extremos, como el nihilismo, con un Albert Camus o con un Sartre, que nos hablan simplemente de que la condición humana es totalmente absurda. O sea, el mundo, el universo, es indiferente a nuestra existencia, no le importamos, a nadie le importa que nosotros tengamos una necesidad de sentido, por lo tanto el mundo, la vida, no tiene sentido, no tiene finalidad, todo es contingencia para el nihilismo. Sin embargo, esto no quiere decir, según Albert Camus, que no podamos tener una vida digna o una vida que valga la pena de ser vivida, esto no tiene nada que ver con que no tenga sentido la vida, y bueno ustedes me dirán, si vivimos sin sentido pero con una vida digna o buscamos un sentido a la vida a pesar de lo que digan Camus, Sartre y compañía.


Ya por un último, les voy a compartir la explicación que nos da un logoterapeuta que se llama Viktor Emil Frankl, que es le padre de la logoterapia, que igual es un filósofo, o bueno, yo le digo filósofo porque tiene ideas increíbles pero me parece que era mas bien psiquiatra… su historia es muy interesante, por ahí métanse a san google y busquen algo de él, tuvo una vida muy intensa, estuvo en un campo de concentración y todo. Pero bueno, ademas de su vida interesante también nos ofrece una explicación muy interesante sobre el sentido de la vida, pues tuvo una experiencia que le permitió hacer reflexiones de mucha profundidad: él, dentro del campo de concentración y bueno, después del campo de concentración, se pregunta qué es lo que hace que una persona sobreviva ante una condición extrema y otra que no, así de simple. O sea, las dos personas están metidas en el miso hoyo, misma cárcel, mismo encierro, en fin, mismas condiciones pero una sobrevive y la otra no.


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Frankl responde a esto como una cuestión de voluntad, regresa un poco con Nietzsche a rescatar eso del individuo, pero Frankl es muy agudo al señalar qué es eso de la voluntad que tenemos que rescatar. Él nos dice que, por ejemplo, en algún momento las otras personas nos pueden despojar de todo lo que tenemos, nuestra familia, nuestra ropa, nuestra casa, bueno absolutamente todo, excepto una cosa, una sola cosa es imperturbable para Viktor, nadie nos la puede quitar, y esa cosa es la decisión de como enfrentamos las cosas, es decir, la actitud que tomamos para abordar la realidad.


Para cada suceso que vivimos, Viktor nos dice que nosotros estamos decidiendo constantemente la actitud con la que recibimos esas circunstancias. Por ejemplo, yo puedo tener una vida burguésamente satisfactoria, en la que puedo decir: tengo casa, un coche, un perro, un jardín, un buen trabajo, una buena familia, una buena pareja… es decir, puedo tener todo el ideal de este sistema y aún así me puedo sentir absolutamente insatisfecho. Que porque la casa del vecino es mas grande, o su camioneta es mas nueva, o yo qué sé, pero yo quiero tener mas, por lo tanto mi condición existencial se vuelve miserable, porque en vez de apreciar lo que tengo a un lado, lo que tengo aquí y ahora, y de lo cual puedo disfrutar, no lo estoy mirando porque estoy mirando lo que no tengo, y esa es una actitud. Yo decido a qué le pongo atención, si a lo que no tengo o a lo que si tengo, y Frankl nos dice que esa es la actitud que marca la diferencia entre que una persona sobreviva y otra no, porque es nuestra actitud es la que le da sentido continuamente a nuestra vida.


A mi lo que me encanta de esta definición de Frankl es, precisamente, el hecho de que constantemente podemos resignificar nuestra vida a partir de la actitud que tomamos en ciertas circunstancias. Es decir, la vida no tiene un solo sentido y mucho menos un solo propósito, la vida puede transformar su sentido mientras la vamos viviendo, todos los días podemos encontrar algún sentido distinto a nuestra vida. El asunto es qué sentido, o cómo se lo encontramos, y ahí está nuestra responsabilidad como individuos, pues eso ya no le toca ni a la religión, ni a la sociedad, ni a la otredad, pues así como lo explica Viktor Frakln, es una decisión personal, cada quien decide qué sentido le va a dar a su vida dependiendo de la actitud con la que aborde la circunstancia que está experimentando en un momento determinado.


Y, por ejemplo, esto me lleva a la pregunta de, en estos días de cuarentena, en esta pandemia que estamos viviendo ¿qué sentido tiene la vida? o ¿cómo le podemos dar un sentido a esta vida de pandemia? Y aquí yo quisiera arrojar un par de ideas que tengo.


Para mi se necesitan dos cosas fundamentales que nos permitan encontrarle en sentido a la vida en cualquier momento, pero específicamente también, en estos tiempos de pandemia, en estos tiempos de cuarentena. El primer elemento que necesitamos es aceptar que el cambio es continuo, aceptar que lo único que no cambia en el universo, en el mundo, en nuestra vida, es el cambio, es decir, el movimiento continuo nos obliga a pensar que no podemos tener un solo sentido de vida, que no podemos tener una sola forma de ser felices, que no podemos tener un solo éxito en la vida, un solo propósito de vida, no. Si todo cambia continuamente tenemos que estar resignificando nuestra vida continuamente, tenemos que estar encontrando las cosas que nos dan placer y las cosas que no nos gustan continuamente, tenemos que estar resignificando todo lo que construimos continuamente, tenemos que estar reconociéndonos, aprendiendo a conocernos porque nosotros estamos en transformación constante, como el universo entero. El segundo elemento que tenemos que traer a la mesa para poder darle sentido o para poder buscar un sentido a nuestra vida es comprender que necesitamos de los otros, aceptar que somos seres sociales, quitarnos esta mala idea que nos ha instalado el capitalismo en nuestra cabecita de que somos seres individuales y que por nuestra propia mano buscamos el éxito, la felicidad, la autorealización. Sí, hay algo importante en el ser individuos, pero hay muchas cosas mucho más importantes en el ser colectivo, en el ser social. Yo no puedo vivir sin los otros, pero les pregunto ¿alguno de ustedes se atrevería a afirmar que, si desaparece el resto del mundo podrían continuar vivos cuarenta años? Yo no podría hacerlo, o sea, yo ni siquiera se sembrar una zanahoria, no sabría ni como cazar… no, nada… yo no sabría sobrevivir, pues. ¿Y ustedes?


Debemos entender que somos seres sociales, que necesitamos de los otros y que nos desarrollamos con los otros, como decían los estoicos. Que nuestra naturaleza es vivir en sociedad y por lo tanto, que deberíamos utilizar nuestra inteligencia para vivir de la mejor manera posible en la sociedad, y dejar de estar pensando desde le individualismo rampante del capitalismo “¿Cuál es la mejor manera en que yo individuo puedo vivir?”, así de simple, vivir mejor, vivir bien, exitoso, feliz, eso no significa nada. Cuando escuchamos estos discursos muy psicologistas sobre le desapego “Es que no hay que tener apegos emocionales”, “no hay tener apegos materiales”, “son terribles los apegos” cuidado, con esas ideas, cuidado, porque eso sería cierto si fuéramos individuos, autónomos, autosuficientes e independientes, y pudiéramos vivir aislados de la humanidad, pero eso no es realidad, eso no es una verdad. Somos individuos tan dependientes que hasta que no reconocer que tenemos una codependencia de existencia social y emocional a nuestro alrededor, hasta no perder esta idea de autonomía, es entonces que podremos dejar de presionarnos para ser exitosos. Es ahí justo donde creo que podemos encontrar el sentido de la vida.


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Así que bueno, en resumen, el sentido de la vida no existe como tal, no está dado, es algo personal que uno construye. Podemos elegir tener un sentido de vida religioso, seguir alguna corriente filosófica para que nos de el sentido de vida o podemos intentar construir nuestro propio sentido de vida, que yo creo es la opción mas saludable, en términos de espíritu y en términos de razón; construyan su propio sentido de vida. Y dos elementos importantes para poder construir nuestro propio sentido de vida es: uno, aceptar que le cambio es continuo y dos, aprender que necesitamos de los otros, que somos seres en sociedad. Darle sentido a la vida nos permite hacer la diferencia entre sobrevivir y vivir.


Actualmente estamos un poco confundidos entre lo que significa sobrevivir y tener las condiciones mínimas que, precisamente el pensamiento religioso me posibilita, esta sobrevivencia. “Yo aguanto estas condiciones mínimas con tal de un mejor futuro, la promesa de un mejor futuro”, que está muy alejado de lo que significaría vivir o el buen vivir, como lo llaman los filosófos. El sentido de la vida tiene que ayudarnos a ese buen vivir y no a sobrevivir solamente.

Y bueno, se nos acabó el tiempo. Muchas gracias por haberme escuchado y de nuevo los invito a que formen parte de esta nueva comunidad que estoy creando en Patreon. Si les gusta el podcast y quieren un poco más de filosofía en sus vidas, regístrense en Patreon, busquen mi proyecto como Aralia Valdés https://www.patreon.com/araliavaldes y suscríbanse para recibir beneficios exclusivos como consultas filosóficas, cafés filosóficos, debates virtuales y demás sorpresas. En fin, es una forma más personal de estar en contacto con ustedes y es super sencillo y rápido el registro.


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